Caldas del Rey: la historia… ¡un puchero!

FOTOTECA

De pie en pasaje San Lorenzo y Balcarce, el hotel y restaurant Caldas del Rey tuvo la historia del barrio sentada a su mesa. ¡Provecho!

Albergue, local comercial, restaurante… Cualquier coincidencia con la historia escrita en los pagos de Defensa 1350 no es ninguna coincidencia. Es que aunque certezas se busquen respecto a cuándo es que el Caldas del Rey abrió sus puertas en la esquina del pasaje San Lorenzo y Balcarce, se estima que este hotel ha compartido, desde sus inicios, presencia con la casona de notables que fue la Pulpería Argentina. Fíjese nomás que la casona pulpera ya figura en los registros catastrales de Beare, de 1860, y es precisamente en ese último aliento del siglo XIX –entre 1860 y 1900– que, dicen que dicen, el Caldas del Rey comenzó a hacer de las suyas el barrio. O mejor dicho, quienes por sus mesas y/o sábanas han pasado. Ni más faltaba, derechito por Defensa es que, desde estas líneas, tras sus huellas vamos… ¿Nos acompaña?

Sin tercero en discordia

Ahora bien, si es usted un parroquian@ curioso seguramente se esté preguntando por qué es que el Caldas del Rey pudo haber abierto en 1860. Y la duda suena más que lógica. A fin de cuentas, si se trata de un tiempo impreciso en la segunda mitad del siglo XIX, ¿por qué no hablamos de los segundos cincuenta años? ¿Por qué no de un tiempo que va 1850 y 1900? Pues porque 1860 no fue un año más para San Telmo –de ahí también el catastro en el que casona Pulpera inaugura oficial registro en la documentación urbana–. Se trató del año en que, ¡finalmente!, el arroyo Tercero del Sur, también conocido como Zanjón de Granados, dejó de dar dolores de cabeza: su entubamiento dio un giro a la escena y el día a día barrial. Chau puentecito sobre la calle Defensa, chau subidas, inundaciones, cuerpos flotantes… Porque el muy guapo venía por Defensa desde el sur y, tras dar un giro, bajaba hacia el Río de La Plata precisamente  por el Pasaje San Lorenzo. De modo que las Caldas del Rey hubieran quedado al filo de la correntada de haber existido antes. Por qué no, inundadas a más no poder. Y eso que su solo nombre ya nos habla de baños… Aunque por cierto, mucho más placenteros que los que podían darse en las turbulentas aguas del Tercero del Sur.

¿Caldo o puchero?

Caldas de Reis, tal es el nombre de la Villa termal que, en Galicia, parece haber inspirado el nombre del hotel y fonda Caldas del Rey. Por lo que se cree, pudo haber sido fundado por un inmigrante o familia gallega. Claro que también existe otra versión, y no muy alejada de la primera en cuanto a nacionalidades: que su dueño era un hombre de origen español, de apellido Saladillo, y que dio tal bautizo a su negocio porque los caldos que ofrecía eran tan famosos que hasta el mismísimo virrey iba a tomarlos ahí. Pero… ¿virrey? ¿No es que Cisneros, el último virrey de virreyes del Río de La Pata, fue destituido precisamente el 25 de mayo de 1810? Y si el caldas del Rey no abrió sus puertas sino hasta 1860 de mínima… Qué le vamos a hacer parroquian@, vio usted como son los rumores cuando empiezan a circular. Eso sí, sea por los caldos de Saladillo, o por el “puchero” que algún que otro gallego pudo haber hecho de pura nostalxia por su Galicia natal, lo que no entra en discusión es el nombre. Hallado en una antigua mayólica del interior de la casa, no dejó dudas. Mucho menos, ante las lentes fotográficas que, viniendo de la actual Paseo Colón por el pasaje, antes de que pegara la curvita en su encuentro con Balcarce, se dieron de narices con la fachada y la leyenda pintada en los alto: “Hotel Caldas de Reyes, restaurant y albergue”.

Como peludo de regalo

¿Caldas del Reyes o Caldas del Rey? Ambas. O la segunda después de la primera. Porque de acuerdo a la cronología fotográfica existente. Primero fue el plural, para después dar paso al nombre en singular. Acaso porque reina de reinas era esta esquina, que vio pasar historia de la buena por no menos de quince habitaciones, largos pasillos, cocina y baños. Parece que don Saladillo tenía sus buenos morlacos para levantar tamaña de casona… Importador de especies, era él un soltero bien acomodado. Hasta que un día le flechó el corazón una mujer humilde, con la que se casó en buena ley. Y no va que un guitarrero, de buena labia, acaba no solo birlándole la esposa, sino que fugándose con ella. Eso sí, el idilio se acabó rapidito, como un gran fuego que todo lo consume en cuestión de segundos. Pero don Saladillo, aún con la sangre en el ojo, lejos de perdonar a su esposa, cortó por lo sano. Próximo a morir, advirtiendo que ella sería su heredera, hizo un testamento en el que dejaba como herederos de lo suyo a diez vecinos muy pobres del barrio. Y mire qué alegrón se habrán pegado que, ni bien se enteraron de las buenas nuevas, entraron a la casa con sus mujeres e hij@s e hicieron una fiesta que, se dice, duró tres días. ¡Como para no!

Hasta los huesos

Pero espere que aún restan más novedades para este boletín. Y ésta sí que no es grupo, pues a los hallazgos nos remitimos. Resulta que para 1978, un jornalero encontró envueltos en papel nada menos que huesos humanos. Para ser más precisos, fémures, sacros, occipitales, y algo del esternón. ¿Pero de qué tiempo debían datar para ser hallados cual fósil? ¿Serían de algunos de los cadáveres que arrastraba el Tercero del Sur?, ¿de soldados caídos durante las invasiones inglesas? Sí, porque en San Telmo, todo esto podía ser verdad… Sin embargo, al estar envueltos, no parecía que la cosa fuese por ahí. Y no lo fue. Al cabo se llegó a la conclusión de que eran huesos dejados por estudiantes de medicina que se alojaron en el hotel. ¿Menudo souvenir el suyo, no cree? Si es que olvidarse alguna media, vaya y pase. Pero un conjunto de huesos… Por cierto ¿sabía usted que en el barrio de San Telmo funcionó el protomedicato (institución española que regulaba el ejercicio de la medicina en el virreinato) y posteriormente, entre 1858 y 1887, la primera escuela de medicina de la ciudad? Sí, sí. De ahí que aspirantes a médic@s fueran huéspedes recurrentes del Caldas del Rey. Y un datito más para cuando ande paseando por el barrio: ambas instituciones funcionaron en Humerto Primo 343, donde actualmente se encuentra la escuela Guillermo Rawson. Ah, justito al lado de donde vivió la pulpera Martina de Céspedes.

Figurando

No nos diga nada, está pensando que San Telmo no puede más de historia. Y está en lo cierto. Pero aquí la última de éstas líneas. Pues si a alguien debemos buena parte del registro fotográfico del barrio, incluido el de Caldas del Rey, es al artista Sameer Makarius, entre 1940 y 1960. Un egipcio suelto en Buenos Aires, y con qué recorrido: nacido en El Cairo, vivió en Alemania y también Hungría en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Y aunque se le daba muy bien tras la lente, lo suyo fue inicialmente la pintura. De hecho, el dar sus primeros pasos como artista plástico en Hungría, le ha valido el mote de “pintor húngaro”. La cosa es que, ya radicado en Argentina allá por 1953, se dedicó tanto al retrato de artistas plásticos como a fotografiar la ciudad. ¿Y a qué no sabe con quiénes se dio el gustazo de exponer? Con una troupe que bien conocemos en este blog pulpero: los muchachos de la Otra Figuración. Fue en la galería Peuser, en 1961¿Lo recuerda? Definitivamente, el mundo, pero también las historias que aquí nos convocan, son un pañuelo. Vea, nomás, que de haber participado del aniversario de la Otra Figuración, 20 años después, en la Fundación San Telmo –la cual se alojó en nuestros pagos entre 1979 y 1992 –, Makarius habría pisado suelo pulpero. Sí, la casona contemporánea al Caldas del Rey que él mismo supo fotografiar.

¡Qué más decirle, parroquian@!  Que al fin y al cabo todo vuelve al punto. Y aunque ya nada quede de aquella construcción de San Lorenzo y Balcarce, las voces que cuentan, y no se cansan de contar, mantienen vivo el eco de su ya extinto latido. Claro está, con su lectura, vaya si está haciendo usted su parte. Aunque si se le da por comentar y correr la bola, por estos lares, más que agradecidos. Saladillo, Makarius y compañía, ni le contamos…