Tango argentino, un paria de exportación

FOTOTECA

¿Y si le decimos que el tango argentino fue asunto del Vaticano? ¿Y que las cenas-tango son un invento londinense? Lea, crea o reviente.

Tirao por la vida de errante bohemio /estoy, Buenos Aires, anclao en París. / Cubierto de males, bandeado de apremio, / te evoco desde este lejano país. ¡Ah, las callecitas de Montmartre! Que si de bohemia y errancia han sabido, el tango no podía menos que merodear por su empedrado. Bien clarito lo dejó Enrique Cadícamo con estos versos de Anclao en París, compuesto en 1930. Y aunque la protagonista de esta letra haya sido un alma vagabunda nacida de la pluma de don Quique, cierto es que al tango argentino, como género que supo de ser paria en su propia tierra, le calza como anillo al dedo. ¿Y cómo fue que la cosa cambió? Pues cuando comenzó a ser, no sin la resistencia del caso, profeta en tierra ajena. ¡Gira, gira, tango querido!  Que al mundo sí le importás…  ¿Gusta acompañarlo en su primera vuelta? Siga leyendo, nomás.

Five o’ clock Tango

El hecho es que mucho antes de que la criatura de Cadícamo viera la luz, más que en París, el tango argentino estaba anclao en el Támesis, y lidiando con la prensa aduanera para que lo dejaran entrar. Corría el año 1913 cuando The Times metió la cola y encendió la polémica ante la “inconveniencia y peligros de los bailes importados”. Por lo que las opiniones iban y venían, sin ponerse del todo de acuerdo a cerca de su condición “legal”. Sin embargo, nuestro orillero no perdía el tiempo. Fue infiltrándose y ganando adeptos hasta que no le quedara rincón de la ciudad de las nieblas sin iluminar. Con decirle que fue incorporado al programa con que se celebró la fecha cívica del 12 de julio (que conmemora la unificación de Inglaterra en el año 927), y fue el número sensación de los festejos. Y aunque la reina María de Inglaterra resolvió no asistir a ninguna festividad donde figure el Tango, sí le permitió asistir a sus damas. Que sí, rápidas como bomberas allí estuvieron. A fin de cuentas, el antitanguismo de algunos miembros de la nobleza y la corte era pura cáscara, una cuestión de postura vio… Nomás bastó con que la dirección del aristocrático Teatro de la Reina organizara una sesión especial de tango argentino para ellos. ¿La excusa? Usar la función a modo de plebiscito, y decidir debidamente si la danza era conveniente o no en los grandes salones. Contate otra… Por si acaso, ¿resultados?: 731 votantes declararon no ver nada inmoral ni indecoroso en el tango, y solo 21 le bajaron el pulgar. Lo que se dice, una victoria por afano.

Fiebre de tango por la tarde-noche

Y si nunca se imaginó que el tango argentino sería en Londres una cuestión a dirimirse, boletas mediante, cual causa ciudadana, espere que aún hay más. El primero en recoger el guante de aquel pulgar arriba fue el Savoy Hotel londinense, que inventó las “cenas-tango”. Por cierto, adoptadas rápidamente por París. Con decirle que, en enero de 1914, la nobleza francesa llegó a organizar un souper-tangó con fines caritativos. Y agárrese con lo que le siguió: los famosos “tes-tango” y “champagne-tangos” –¿cómo los ve por estos pagos?–, a la vez que las escuelas o academias se multiplicaban. Desde los Campos Elíseos hasta los reductos bohemios y salones de baile del Barrio Latino; desde los restaurantes de los refinados bulevares parisienses hasta las permisivas callecitas de Mortmartre que inspiraron a Cadícamo…En todo sitio se tangueaba, pues el verbo tanguer comenzó a ser de la partida en los paladares franceses. Menuda fiebre, ¿no cree? Todos los caminos conducían al tango argentino, sí. Pero ninguno pareció llevarlo a buen puerto en Roma. Allí donde lo recibieron a nariz fruncida.

El que esté libre de tango…

Que tire la primera piedra. Y lo hicieron el rey Víctor Emanuel Tercero y su esposa, quienes atacaron al tango argentino con munición gruesa. Aunque como la prensa bien supo decir, “la oposición oficial no ha podido evitar que Tango tome por asalto la sociedad romana”. ¡Si hasta fue asunto del clero! “Pero, ¿es un pecado el tango? Este punto no está resuelto todavía, y si no es un pecado no puede ser prohibido, a juicio de muchos católicos fervientes”. La cosa es que diócesis de todas partes estaban meta mandar consultas al Vaticano (sí, sí, leyó bien, al Vaticano) por la ascendencia del tango argentino. Porque, imagínese, había que zanjar una duda existencial: si era posible absolver a los penitentes que lo bailaban. Pero resultaba que la “erudición teológica es insuficiente para resolver el problema”. Y tal vez por ello la pifia de dar claras instrucciones a los curas párrocos para que “atacaran aquella danza salvaje”. Ahora bien, aquello de que a palabras necias oídos sordos, nunca fue tan cierto como para l@s roman@s en aquel entonces. ¿El pueblo ridiculizando al mismísimo Vaticano? Que no se diga… de allí que la Santa Sede decidiera resguardar su imagen y postergar dos meses más tarde de lo acostumbrado el sagrado Consistorio. ¡Menudo lío armaste, tango! ¿será que venía del futuro, con las indicaciones de un Papa compatriota bajo el brazo?

Haciendo la Europa

El caso es que el Papa Pío X decidió tomar la sartén por el mango y saber de qué iba el malvado tango: convocó a dos jóvenes del patriciado romano para que lo bailaran ante él como se hacía en los salones. ¿¿Y?? Resulta que don Pío encontró al tango argentino “inocente hasta el aburrimiento”, levantando en el acto la prohibición. No más palabras, señor juez. Pero guardaaaa…. Que a las palabras se las lleva el viento. Porque el objetivo de Pío era que su insinuación fuese, como de costumbre, una orden. Si hasta ingenuamente él creyó que así sería, pero la voluntad del clero fue la finalmente pesó. Y el tango argentino acabó de patitas en la calle. Sin embargo, como se odecía por entonces, ya estaba él metido en la sangre azul (¿quién dirían, no?), y a eso no había con qué darle. El mismo romance se dio en Alemania, inicialmente adoptado por los oficiales del ejército, a quienes les fue prohibido. Es que el tango, tan afecto a las curvas, era todo un atentado contra la rectitud de sus formaciones. Y fue historia repetida en Baviera (reino sobreaño hasta 1918), donde los militares bailaban el Tango sin uniforme, cosa de no levantar la perdiz. ¿Y qué hubo de Viena? Un tanto libertina para el ojo juzgón de las sociedades sajonas de la época, la sociedad vienesa fue otra  de las que abrazó al tango con alegría, donde el ejército no tardó en amular la treta de sus vecinos alemanes y bávaros.

 

Como verá, el tango argentino no viajó en primera clase, pero sí que se sentó a la buena mesa y recorrió la geografía europea cual empachado turista. Hasta podríamos decir, como un ciudadano más, habida cuenta de su ganado derecho de tierra, de piso. Renovando pasaporte hasta el infinito, nuestro viejo y querido paria no deja, desde entonces, de acumular millas.