Haffner o el Rufián melancólico para l@s amig@s librófil@s. Noé Trauman para los archivos –en especial, policiales– de la historia argentina. Así la cosa, señor@s. Vaya uno a saber si café, té, o algo más fuertón de por medio. Porque dicen que dicen, el cafishio Noé Trauman y un joven Roberto Arlt, para entonces no más que un periodista del diario Crítica, compartían sus buenas charlas a la mesa de la paqueta confitería Las Violetas. Largo camino restaba aún para que Los Siete Locos (clásico de los clásicos de la literatura nacional) viera la luz de las imprentas y las vidrieras de las librerías. Pero algo ya comenzaba a gestarse en el genio de Arlt. Y… ¿la ficción superó al fin a la realidad? A juzgar por la historia de Trauman, como parda la mejor. Pase, lea y saque sus conclusiones para definir la partida.
Trauman de ficción
Como se dice, un pobre tipo. Acaso así imaginó Roberto Arlt a Remo Augusto Erdosain, quien sin un mísero morlaco en su bolsillo no tiene ni donde caer muerto. Porque la modernidad aplastante que asomaba por aquellos locos años ’20 poco y nada prometía a l@s rezagad@s de siempre. Así que si el asunto habría de ponerse negro para l@s de su clase, Erdosain la pudriría para peor. Conformaría una sociedad secreta capaz de corromper el orden del momento a través de una revuelta mayúscula, financiada, por cierto, por una red de burdeles distribuidos a lo largo y a lo ancho del país. ¿Y quién regenteando al frente? Un tal Haffner, más conocido como el Rufián melancólico.
(…) después de estrechar la mano de Erdosain, se cruzó de piernas en el sillón, apoyando la azulada mejilla en tres dedos de uñas centellantes. Y Erdosain remiró aquel rostro casi redondo, con laxitud de paz, y (…) distinguió a un costado, entre el saco y la camisa de seda que usaba el Rufián, el cabo negro de un revólver. Indudablemente, en la vida, los rostros significan poca cosa.
¿Y qué le habrá inspirado Noé Trauman al padre de Los Siete Locos? ¿Será que de movida, vio en la redondez de su cara el semblante del Rufián? Si es que el o los encuentros efectivamente existieron, claro. Porque cabo sueltos en la historia, vaya si los hay.
Un Rufián de realidad
Numerosas fuentes datan el ingreso al país del polaco Noé Trauman en 1906. Para empezar por el pie derecho, con documentos falsos. ¿Y cómo no si venía escapan de la policía secreta del zar Nicolás II? Parece ser que su pasado anarquista lo condenaba. Pero… ¿qué hay de los archivos policiales en los que su ingreso se fecha a mediados de 1890? Será que Noé Trauman tenía todo para ser el ente de ficción que de la mano de Arlt y bajo el nombre de Heffner, el apodo del Rufián, acabaría por tener. Sin embargo, sí que su paso por suelo argentino dejó hechos concretos, y dueños de una trama para nada feliz.
(…) el Rufián volvió nuevamente la cabeza hacia un mapa de los Estados Unidos (…), al cual se dirigió el Astrólogo recogiendo un puntero: -–El Ku-Klux-Klan tenía solo en Chicago 150 mil adherentes… En Missouri, 100 mil adherentes (…) ¿Qué es lo que se opone aquí en Argentina para que exista una sociedad secreta que alcance tanto poderío como aquella?
Una vez en Argentina, Noé Trauman contacta a algunos inmigrantes polacos y funda con ellos la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia. Claro de socorro, no tendía más que el pedido de quienes allí acabaran… Con sede en Avellaneda –lo que se dice, pura fachada para conseguir la personería jurídica que, de hecho, consiguió, ya que la localidad ejercía nulo control sobre la presencia de prostíbulos–, el centro de operaciones real era una casona de la avenida Córdoba. Por cierto, muy completita: jardín, comedor, bar, salón de fiestas y hasta sala de velatorios y sinagoga entre otras dependencias para lo que se precisase. Ah, menudo detalle: por sobre todo, para la organización de subasta de mujeres al mejor postor.
Puro verso
¿Se sabía? Todo al fin de cuentas se sabe en esta vida, por lo que la comunidad judía rechaza la mutual, prohibiendo incluso e entierro de los mutualistas en el cementerio judío de La Tablada o el casamiento en sus sinagogas. Y ojo que el anarquismo también se le dio vuelta a este rufián de carne y hueso, porque la prostitución no era parte de sus filas. ¿A Trauman se le iban cerrando los caminos? Nada de eso, la magnitud que había adquirido la mutual era tal que hasta uno de los miembros de su comisión directiva, Luis Migdal, hasta se había vuelto prestamista de rufianes… La cosa es que tras una protesta al Cónsul de Polonia hizo que, en 1929, la sociedad debiera cambiar su nombre. Desde entonces pasó a llamarse Zwi Migdal. Eso sí, aquello no fue más que un lavado de cara. En resumidas cuentas, todo siguió igual: control de los funcionarios de la Dirección de Migraciones, falsificación de documentos y “mutis” asegurado de parte de policías, oficiales de justicia y jueces que también andaban metidos en el baile.
¿Punto final?
No vamos a decir, negro… pero sí que nublado se le puso el panorama a Noé Trauman y compañía cuando el golpe militar de 1930 derrocó a Irigoyen. Era entonces el inicio de la llamada década infame: fin de las libertades individuales, miseria, asentamientos precarios, ollas populares. Los recién llegados de altamar ya no eran vistos como los protagonistas de la europeización social de Buenos Aires, sino como un estorbo. Por lo que el tráfico de mujeres de Europa del Este no caía demasiado en gracia… Una de las tantas reclutadas en los inicios de los años ’20 había sido Raquel Liberman, quien andaba a la búsqueda de trabajo como costurera tras la muerte de su marido. ¿Que si recaló por voluntad propia creyendo en aquello del “socorro”? Difícil saberlo. De lo que sí hay certeza es que fue ella quien, el 31 de diciembre de 1929, denunció a la sociedad. Para entonces, ya estaba “retirada” dada su desgastada juventud. Valía menos, mucho menos. Por lo que se casó con un tal Salomón Khon y puso una casa de antigüedades en lo que parecía ser una nueva vida. Pero resulta que Khon también formaba parte de la mutual, y al darse cuenta de esto comprendió que nunca acabaría de salirse del todo. Fue ahí que tomo cartas en el asunto.
Puerta giratoria
Si los años ’30 ya se anunciaban difíciles, la denuncia de Raquel ofició de knock-out. Con decirle que la primavera siguiente encontraría a 108 rufianes judíos polacos con prisión preventiva y todos sus locales allanados. Algunos fueron deportados a su país natal, otros lograron levantar campamento y llevar el “negocio” a Centroamérica. Y es que al final todos fueron liberados. Todos menos tres… ¿Uno de ellos fue Noé Trauman? La respuesta es no. Un domicilio de la calle Nueva York, en Berisso, hizo las veces de aguantadero por algunos días. Los necesarios para su fuga a Colonia, donde murió de forma natural en 1933 –sí, ya andaba en las últimas–. Claro que para entonces, desde hacía cuatro años, en el mismo 1929 y apenas tres meses antes de la denuncia de Raquel, Los Siete Locos eran una ficción hecha realidad. Esa extrañísima criatura literaria que haría historia en la literatura mundial. Si es que el autor nos concede el derecho de lo dicho…
“Pensá que yo puedo ser Erdosain, pensá que ese dolor no se inventa, ni tampoco es literatura”, supo escribir Roberto Arlt a su hermana Lila en una carta de 1930. ¿Y entonces, qué es? ¿Qué Los Sietes Locos? Dele una leída y conteste a voluntad…