
Siete colores, el nombre de una leyenda
Que en el norte argentino abundan los ocres, eso sí que no se puede negar… Del mismo modo en que
Porque sin ella no seríamos nada. Un vistazo a la curiosidades que ofrece la madre naturaleza.

Que en el norte argentino abundan los ocres, eso sí que no se puede negar… Del mismo modo en que

Si los sabores de la patria tienen nombre propio, a los afamados pastelitos y guisos varios bien les vale reconocer

“El que quiere celeste, que le cueste”, como solían decir las abuelas. Y el que quiera morilla, que la espere.

El mundo científico la bautizó como Stevia allá hace poco más de un siglo, pero en los pagos sudamericanos ya

Una belleza capaz de enamorar hasta a la más esquiva lente fotográfica. Esa sea, tal vez una de las mayores

En el bosque espinoso del monte Ascasti hay capullos doquier, pero las manos de quienes los trabajan son solo dos.

Destella su fulgor rojizo entre el verdor de la selva, pues la cerella es en la provincia de Misiones, más

La cosa viene de tiempos ancestrales, de un bagaje latinoamericano que no es propio aunque tantas veces resulte extraño, ajeno,

Que al primer tacto parece un mero tomate perita, pero que en la primera paladeada su acidez nos dice que

El que sabe, sabe, como dicen. Y en materia de paisajismo, Carlos Thays sabía largo y tendido. Eso sí, modestia

Por si a más de uno le extraña su sólo nombre, qué decir de su rica y desconocida historia en

Su presencia a la vera de caminos y en pastizales hace que se le considere como maleza. Al tiempo que
pulpería Quilapán – Defensa 1344, Casco Historico, San Telmo 1143, Buenos Aires.