Camiseta argentina, hasta las fibras…

FOTOTECA

Sudando la historia de nuestro fútbol, la camiseta argentina es patria que se lleva en las fibras. Pase, lea y transpírela con nosotr@s.

Tiene un siglo y moneda sobre su lomo. O mejor dicho, ese es el tiempo que lleva sobre los nuestros; sobre y piel de los elegidos para portarla en nombre de tod@s de la línea de cal para adentro. Nacida en 1908, la camiseta argentina mudó su diseño, su tela, su estilo, sus apellidos… Pero lo cierto es que siempre se ha guardado un hito bajo la manga. Casi, casi como una segunda bandera -o una segunda patria- lo suyo, más que hacer historia, fue ver la historia pasar por sus fibras. Y cómo no, sudarla de lo lindo.

A pico y pala

¿Qué otra fecha mejor le cabía a un clásico con nuestros hermanos rioplatenses que un 20 de julio? Eso sí, a la hora de los bifes, la amistad se quedó en el vestuario. Que incluso de visitante, en suelo montevideano, el conjunto nacional se impuso por seis a cero. Sí, fue paliza argentina en aquel invierno de 1902. Más no así albiceleste. Aquella incipiente casaca de color celeste que vistió al equipo argentino en su primer amistoso internacional fue apenas un antecedente de LA camiseta: dígase, la celeste y blanca. Y lo cierto es que no fue el único. Que si celeste, que si azul, que si completamente blanca. ¿Tan difícil era pensar en la camiseta argentina que todos conocemos, casi un siglo después de la creación de la bandera? Pues para aquel convulsionado inicio de siglo XX, con Julio Argentino Roca como presidente, nada parecía tan sencillo. Al fin y al cabo, lo que se estaba intentando reconstruir era la identidad nacional en medio de una oleada inmigratoria que había hecho, fundamentalmente de Buenos Aires, una Babel. Y en la que, lejos del ideal de orden supuesto por los gobernantes de entonces, los coletazos del anarquismo y el socialismo, también venidos del otro lado del Atlántico, se hicieron sentir. Es más, 1902 fue el año de la primera huelga general en argentina, impulsada por la Federación Obrera Argentina. Por lo que definir el modelo de la camiseta argentina no fue, como se dice, un asunto de Estado ni mucho menos. Pero si una carta a jugarse para empezar a cultivar argentinidad en torno a un símbolo y un deporte que se las traía.

Paternando

Hasta que en 1908 aparecieron, por primera vez, las rayas verticales. Fue en ocasión de una gira por Brasil que incluyó siete partidos en tres ciudades. ¿El germen de una eterna rivalidad con los dueños del jogo bonito? A juzgar por los resultados, más bien de una paternidad. Pero las intenciones de aquel “raid” nada entendían de chicanas futboleras, sino que apuntaban a estrechar lazos contientales y comenzar a forjar una identidad de juego, de fútbol propiamente dicho. Y qué mejor que vérnosla con la verdea amarelha, cuyo aprecio a la redonda también se había dado por implantación de la semilla inglesa, de su comunidad footballera. Muy especialmente, en San Pablo, Río de Janeiro, y la portuaria Santos. Y precisamente hacia esta tríada se dirigió el plantel de dieciséis jugadores argentinos –los mejores de la liga– a demostrar lo suyo. ¿Que si lo hicieron? De siete partidos disputados fueron seis victorias nuestras y apenas un empate. Ah, con 31 goles a favor y seis en contra. ¡Decime que sentiste, Brasil! ¿Cómo que no vale? Bueno, a ver, los partidos oficiales no se sucedieron sino hasta después de 1914, cuando se creó la Confederación Brasileña. Pero quien nos quita lo bailado… Sobre todo, después de semejante travesía: imagínese que la delegación viajó en un vapor hasta el puerto de Santos, y desde ahí, tren para un lado y para otro. Eso sí que era amor a la… ¿selección?

T-shirt

Combinado, parroquian@. Justamente por tratarse de encuentros extraoficiales, no se consideraba que se tratase de la “selección argentina”, sino de un mix entre los mejores arqueros, backs, halves y forwards. Siete de Alumni, cuatro de Belgrano Athletic, tres de San Isidro y dos de Estudiantes de Buenos Aires. Pero, dale Brasil, que desde 1903, en estos pagos ya existe la Argentine Football Association (¿ha visto la sigla que componen las iniciales?). Sí, sí, todo muy inglés en cuanto a terminología –y hasta jerga–. Por lo que no habría excepción para la camiseta argentina, confeccionada desde sus inicios, hasta 1924, por la marca inglesa Saint Margaret. ¿Qué cuáles fueron exactamente los colores de los bastones? No hay precisión a cerca del tono de azul-celeste que acompañó el blanco. Para colmo de colmos, la única fotografía en  “color” de aquella gira brasileña es verdad una imagen coloreada por una editorial en los años ’80. Con lo cual, la incógnita torna a aquella primera camiseta argentina poco menos que mítica.

Argentinísima

El año 1925 marcó el inicio de una nueva era: la de la camiseta hecha en suelo nacional, confeccionada por Gath & Chaves. ¿Le suena? Para entonces, ya se había fusionado con la internacional Harrods (otra vieja amiga de este blog), pero lo cierto es que desde mucho antes ya confeccionaba camisetas. Tal fue el caso de la River Plate, desde 1909, y para aquel 1925, la del Racing campeón invicto. ¿Será que la similitud en el diseño tentó a correr la misma suerte? El caso es que Gath & Chaves tenía con qué, si hasta llegó a fundar su propio equipo, de la mano de empleados y directivos. Aquel que devendría en el actual club Harrods y Gath & Chavez, en el porteño barrio de Belgrano. Con lo cual, el fútbol no le era para nada ajeno. Así que Argentina saltó a la cancha con diseño de su autoría en los dos primeros mundiales de la historia: Uruguay 1930 e Italia 1934. Se trató de un modelo de cuello en V, con cordones. La única camiseta acordonada de todas las que vendrían, gruesa como ella sola y, cómo no, con bastones albicelestes. Solo que no quedarían más mundiales en las que lucirla. Tras la negativa nacional a jugar en Francia 1938 y Suiza 1954 (¿imagina hoy, dos mundiales consecutivos con la selección ausente?), el gran retorno se sucedería de la mano de Industria Lanús, en Suecia 1958.

Corte y confección

Franjas anchas y cuello en V, aunque ya sin cordones, fue el modelo de la empresa argentina Industria Lanús para volver al ruedo internacional. Aunque para Chile 1962, no solo cambió a cuello redondo, sino que apareció la manga corta. Inglaterra 1966 nos encontró vestidos por la también argentina Sportlandia, marca líder de ropa deportiva –y más: como ser botines de fabricación artesanal que usaron desde Amadeo Carrizo hasta Antonio Rattín, y pelotas de cuero cocidas a mano– en la década del ’60. Volvió entonces la manga larga y apareció el cuello “polo”: tipo chomba pero más corto, suave y plano. Aunque la novedad de las novedades quedaría manos de la nacional Uribarri, allá por 1967: la confección de sus camisetas incluyó, por primera vez, el escudo de la AFA. ¿Qué si queda más? Nada menos que el arribo a una de las marcas que sería una suerte de casa para la camiseta argentina, allí donde habría de seguir creciendo, coronarse, de donde incluso habría de marcharse, para después volver. Sí, hablamos de Adidas.

¡Quiquiriquí!

Adiós a la industria argentina, bienvenido el hacer alemán, y con la buena estrella del debutante. Ya sin cuello polo pero con chomba, la albiceleste de Adidas se haría nada menos que de la primera: la copa del ’78. Porque no, no fue malo un octavo puesto en Alemania 1974, pero la localía del equipo valió más que la de la indumentaria, y desde entonces empezó un romance que, cómo no, habría de tener sus cortocircuitos. De hecho, campeona y todo, la camiseta argentina de Adidas no sobrevivió al cambio de década, pues para 1980 llegaba el turno de la francesa Le Coq Sportif. ¿La clásica amiga del campeón? Así parece, pues la muy “gallita” le pasó el trapo al original contrato de Adidas –hecho por 35 mil dólares– con la casi irresistible cifra de 72 mil dólares anuales. Y fue trato hecho, claro. Con un diseño que respetaba los tradicionales bastones aunque con un regreso al Cuello V y el detalle de los puños blancos. ¿Uniforme alternativo? Claro que sí. Solo que así como la de Adidas en el mundial ’78, la azul de Le Coq, con cuello, puños y número blancos tampoco tuvo su protagonismo en España 1982. ¿Llegó entonces la revancha en México 1986, cuando ya con el regreso del escote redondo y la aparición de un escudo laureado, la camiseta argentina volvió a ser campeona? ¿Fue entonces la azul de le Coq la de aquella inolvidable victoria a Inglaterra, nuestra madre patria del fútbol? A decir verdad, que la victoria del hijo pródigo tuvo sus problemitas: en aquel duelo de cuartos de final, Argentina no tenía camiseta alternativa. Por lo que el cuerpo técnico improvisó comprando unas camisetas de entrenamiento azules en suelo inglés. ¿Y el escudo? ¿Y los números? Fueron cosidos uno a uno durante la noche de vigilia. Cosas de campéon, vio…

La cosa es que sin recelos, la inglesa Rebook también habría de vestir a nuestra selección. Tras una intensa reconciliación con Adidas –con sus tres rayas, la camiseta argentina fue subcampeona en Italia 1990–, un flirteo que apenas fue de 1999 al 2001 hizo que Rebook no llegara a ser mundialista: la camiseta argentina usada en Corea-Japón 2002 fue nuevamente de Adidas. Y sí, hay mundiales que mejor olvidarlos, pero lo cierto es que la verdadera banca se ve en las malas. Y, desde entonces, el camino con Adidas seguiría hasta alcanzar la tercera y más. Para Alemania 2006 incorporó las dos estrellas al escudo, y con aquella otra más que bajamos del cielo en Qatar 2022, una tríada celeste late en cada corazón que la viste, la siente, la sufre, la late, la vive, la defiende. Sí, porque aún con siglo y moneda sobre su lomo, el amor sigue lo intacto que el primer día.